El fútbol del ascenso vuelve a ponerse en marcha. Este 13 de febrero comenzará una nueva edición de la Primera Nacional, el torneo más extenso, exigente y federal del país, donde cada fin de semana se juega algo más que tres puntos: se juega el futuro.
Con 38 equipos nuevamente divididos en dos zonas, la categoría mantiene su formato ya conocido, aunque no por eso menos brutal. Viajes interminables, planteles largos, canchas difíciles y un calendario que no perdona distracciones. En la Primera Nacional no hay margen para el error: arrancar mal puede marcar todo el año.
El certamen 2026 encuentra a los clubes en plena reconstrucción. Muchos apostaron a la continuidad de los cuerpos técnicos, entendiendo que la regularidad es clave en un torneo tan largo, mientras que otros optaron por barajar y dar de nuevo tras campañas irregulares. El mercado de pases fue intenso, con refuerzos de experiencia en la categoría y jóvenes que buscan su lugar en un contexto siempre competitivo.
La expectativa está puesta, como cada año, en la pelea por los ascensos. El último campeón, que logró imponerse en la definición y consiguió el pasaje a la Primera División, dejó la vara alta y confirmó una vez más que el camino es largo pero posible para quienes sostienen un proyecto sólido. Su consagración es el espejo en el que se miran muchos de los candidatos de esta temporada.
Entre los equipos que parten como protagonistas aparecen los históricos que sueñan con volver a la elite, los que quedaron a las puertas en el torneo pasado y también aquellos que, sin tanto ruido, se arman para dar pelea desde abajo. En la Primera Nacional, la lógica suele romperse rápido: nombres grandes no garantizan nada y la sorpresa está siempre a la vuelta de la esquina.
Otro punto clave será el arranque. Las primeras cinco fechas suelen ser determinantes para acomodarse en la tabla y, sobre todo, para ganar confianza. El que encuentra funcionamiento temprano puede sostenerse; el que duda, sufre. Las localías volverán a ser decisivas, con estadios llenos y climas calientes que forman parte de la identidad del ascenso argentino.
El arbitraje, el desgaste físico y la profundidad del plantel volverán a ser factores centrales. Con semanas cargadas y viajes extensos, administrar energías será tan importante como jugar bien. Nadie asciende en febrero, pero más de uno puede empezar a perder el tren.
El 13 de febrero, la pelota empezará a rodar y con ella regresará esa mística inconfundible de la Primera Nacional: la del sacrificio, la esperanza y la pelea constante. Un torneo que no regala nada y que, una vez más, promete emociones fuertes hasta el último minuto de la última fecha.



